Archivos para Anécdotas divertidas

¿SOMOS INDEPENDIENTES?

                                        

Todavía recuerdo con risas la tarde de hace pocos días cuando llame a mi madre al trabajo y le dije “ama voy a ir a jugar al padel en bici con mi prima, pero no te preocupes por nada; me arreglo muy bien sola”.

 Dicho y hecho. Eran las cinco de la tarde cuando llamamos a Fadura pero solo quedaba una pista  a las cinco y media y  no se podía reservar por teléfono. Pensamos que nos la iban a quitar así que decidimos ir a Gobela, lo malo era que en Gobela solo había dos pistas de padel.

Llegamos a casa de mi prima hicimos la bolsa entre las dos, luego fuimos a la mía y mientras yo preparaba mi ropa ella sacaba las bicis del trastero. Muy contentas salimos de casa sobre las cinco y cuarto. Llegamos allí a y veinticinco. Candamos las bicis y cuando íbamos a entrar, no pude porque se me había olvidado el carné, ella se quedó sacando la pista, yo volvía a casa a por él .

Cuando llegué a la puerta de mi casa me di cuenta de que no tenía llaves, las tenía mi prima en la bolsa, fui  a casa de  mi abuela y le pedí que me dejara su carné y unas bolas que se nos habían olvidado.

Volví allí y mi prima me estaba esperando para candar la bici y me dijo que la pista estaba libre pero que no la podía sacar porque yo me había llevado el dinero. Cuando la estábamos sacando, nos pidieron el carné, yo lo llevaba en la mano pero como no era mío y no lo podía enseñar, lo tiré al suelo.  Mi prima busco el suyo en la mochila tardando una eternidad. Por suerte la pista fue gratis porque éramos menores de dieciséis.

Entramos, nos cambiamos de ropa, subimos a las pistas, dejamos todo en las taquillas y por fin teníamos todo organizado, cuando nos disponíamos a entrar a las pistas me preguntas mi prima “¿y las palas?”

Volvimos a salir, a coger las bicis, a ir a casa, buscar las palas, volver otra vez, volver a guardar las llaves, y todo esto muertas de risa.

Por fin entramos a la pista, cogimos las palas sacamos las bolas y cuando nos disponíamos a jugar empezó a caer una tromba de agua impresionante.

No pudimos jugar pero nos reímos como nunca. Aprendimos mucho de nuestros errores.   

Es verídico. 

Itziar garrastatxu.

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HABLAR POR LOS CODOS

El verano pasado estuve en Londres en un curso de inglés con varias del cole. Cierta tarde después de comer, como otra cualquiera nos disponíamos a coger el metro, pequeño y lleno de gente. Como nos aburríamos , nos pusimos a hablar, pero más de la cuenta. Hablamos de todo. Nos fijabamos en la gente de alrededor y comentabamos. Como todo estaba lleno de ingleses, suponíamos que no nos entenderían pero… supusimos mal. Había un infiltrado. Alguien se fijó en uno con perilla,el infiltrado, y estuvimos un buen rato hablando sobre él; que si era feo… Se nos había secado la boca de tanto comentario. El infiltrado, el de la perilla, se bajó, pero no sin antes decirnos: ¡¡¡AGUR!!!.Nos quedamos a cuadros por aquella inesperada despedida.

                                                                                       Ale Ezcurra

 

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Madrugón innecesario

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Esta anécdota que voy a contar es verdadera, pues nos pasó a Emma y a mí la semana pasada cuando estuvimos en Irlanda.
Nos lo pasábamos muy bien. Durante la semana íbamos al colegio Rosemon’t y luego dormíamos én una familia irlandesa, muy maja por cierto. El problema llegó el sábado porque teníamos que hacer una excursión con las otras alumnas de Ayalde que estaban allí, y el caso es que la señora de nuestra familia no sabia a qué hora teníamos que coger el autobús, ya que, según ella, no tenía ningún papel con  el que confirmarlo, así que nos dijo que lo cogiésemos  a la misma hora como para ir al colegio.Así lo hicimos.
Nos levantamos a las 7 de la mañana, nos arreglamos, peinamos… y bajamos al salón. No había nadie en la casa así que  decidimos revisar entre los papeles que tenía la madre en la nevera. De repente vimos, en amarillo fosforito, que Emma y yo cogíamos el autobús a las 10 en otro  sitio que no era el que nos había dicho la madre.¡Nos quedamos a cuadros! Al final lo cogimos bien solo que estuvimos desde las siete y media hasta las diez viendo la tele esperando a que fuera la hora de coger el autobús.

Ana Lamas

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Una historia de embarazos.

Era un día  caluroso de principios de verano.

Estábamos unas cuantas amigas en el puerto,  algunas fueron a comprar chucherias. Una amiga y yo nos quedamos fuera esperando.

A nuestro lado había una chica con bastante tripa.

A mi me impresionó y le dije a mi amiga si creía que aquella señora estaba embarazada porque entonces menuda tripa tenía.
Mi amiga me dijo que disimuladamente le miraría.
Así fue.Ella me dijo que suponía que sí.
La joven al irse pasó por delante de nosotras nos dijo:”sí, sí, estoy embarazada” . Al oírlo nos quedamos alucinadas,¡nos había escuchado!

Con esto he aprendido que muchas veces cuando no crees que te escuchan,te oyen, luego hay que tener cuidado con las cosas que se dice.

                                                       Inés Barrenechea Montero

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un verano inolvidable

El pasado mes de julio, fui a una casa de unos ingleses a media hora de Londres.
All principio estaba muy emocionada, ya que desde sexto de primaria quería ir, pero por algún motivo nunca había visitado el pais.
Estaba muy nerviosa, quería que me mandasen ya los datos de cómo era la familia, pero cuando me llegó, todo fue empeorando. Me tocaron a unos jubilados y sin ningún hijo.
Yo no quería ir pero mi madre me convenció diciéndome que eran muy buenas personas y muy divertidas.
Cuando llegué allí, me encontré a unos señores, aparentemente no muy mayores, de unos cincuenta y cuatro años.De lunes a viernes, me despertaba a las 6:30, para ir a la academia de inglés. Estaba fuera de casa hasta las 6:00, que era cuando llegaba y me iba a cenar.Después de cenar me quedaba viendo la tele, pero no cualquier programa, sino el que le gustaba al señor de mi casa, que era el canal 24horas. Me aburría mogollón todas las noches, pero por suerte me lleve la PSP. Siempre me marchaba a la cama diciendo que estaba muerta de sueño, pero en realidad a lo que me iba era a jugar.
Los domingos me lo pasaba en grande porque como era un día especial, había vino y se bebían una botella cada uno.Cuando la señora se iba a hablar por teléfono, como tenía más cantidad, el padre le cambiaba la copa y me decía a mi que no le dijera nada. Cuando por fin terminaba de hablar por teléfono, se daba cuenta de lo que le había hecho, y entonces se ponían a correr alrededor de la mesa como niños pequeños.
Allí he aprendido que no tienes que juzgar a una persona por su apariencia, lo importante está en el interior.
Sofia Landa Eguidazu

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Anécdotas

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