Era una tarde de invierno, y mi padre y yo decidimos ir a pasar el puente esquiando en nuestra casa de Bakeira. Cuando llegamos, allí había una terrible ventisca que nos impidió subir el coche hasta nuestro garaje que se encuentra en lo alto del pueblo. Tuvimos que dejar el coche en el parking del pueblo, y esa misma noche cayó una gran nevada y nuestro coche quedo enterrado bajo una capa de nieve de unos 2 metros de altura… A la mañana siguiente y viendo el panorama, nos fue imposible ir esquiar como teníamos previsto. Casi ni encontramos el coche de la nieve que había; nos tuvimos que quedar todo el fin de semana encerrados en casa.
El domingo por la mañana llamamos a mi tío Willi para que nos ayudara con el coche, con su ayuda y un “poco” de sal conseguimos sacar el coche de debajo de la nieve, ¡Menudo alivio! Esa noche cenamos y dormimos en casa de mi tío, para evitar volver a quedarnos atrapados. En casa de mi tío nos lo pasamos muy bien, a pesar de todo el disgusto que teníamos encima, y de lo decepcionados que estábamos con como nos había salido el plan. En esa casa recobramos la sonrisa, había un gran ambiente
El lunes, ultimo día de puente, volvimos a Bilbao.
Lo que empezó siendo un amago de desastre término en una anécdota para contar.
Cristina Ibargüen.-