Todo esto ocurrió un sábado, hace tres años, estábamos en mi casa Inés y yo solas, porque habíamos quedado para hacer un trabajo juntas. Todo iba muy bien hasta que oí un ruido, era como si se estuviera abriendo la puerta de un cuarto, estaba muerta de miedo pero pensé, que sería mejor no decir nada, para evitar que le entrara el miedo también. Al cabo de un minuto, se escucho la bomba del cuarto de baño. Inés y yo nos miramos, no podíamos más, lo único que se me ocurrió fue coger una palas de padel (que por cierto tuvimos la suerte de que estaban en ese cuarto), y ponernos a investigar la casa. Mientras yo entraba por los cuartos, Inés se quedaba en la puerta vigilando.
Cuando salí del cuarto de mis padres, le dije: “no hay nadie, tranquila”, pero por mucho que le decía que se tranquilice, yo no podía.
Nos volvimos al cuarto donde estábamos trabajando, pero ya la concentración no era la misma, ya que nos podía aparecer algún ladrón. Al final, pensé, que lo mejor seria, llamar a mis padres.
-papá, estamos muertas de miedo, ¡hay alguien en casa!- le dije a mi padre.
-haber, ¿Quién está?
-pues no se, ¡porque no le he visto!
-¿están tus hermanas?- me preguntó
-¡no!-le respondí
-¡claro que está! Cristina está estudiando en su cuarto.
Cuando se lo dije a Inés, no sabíamos si matar a mi hermana o abrazarle
Sofía Landa Eguidazu, 3º E.S.O B