Una noche de sabado como otra cualquiera, mis padres me abandonaron en casa con un pizza, y mis hermanos salieron de fiesta. Estaba sola a excepción de Luca, mi perra que, la verdad, no es de gran compañía…
Viendo la televisión tranquila oí un ruido que no me resuló para nada fuera de lo normal. Luca levantó la cabeza pesadamente del suelo, pero no reaccionó más allá de eso. No me preocupé.
Pero sí que me puse alerta cuando oí el ruido de algo en el piso de abajo que se rompía . Miré a ver si Luca seguía en su sitio, porque a lo mejor había sido ella, pero ví el momento en que salía corriendo escaleras abajo y ahí fue cuando pensé que un ladrón había entrado sin que yo me enterara.
No me lo podía creer. Pensaba que me iba a dar un ataque al corazón, y ¡tan joven!
Vacilé antes de bajar, pero agarré un palo de golf, y muy sigilosamente fui al piso de abajo.
Con los ojos cerrados iba de cuarto en cuarto pasando el palo antes que yo por si me encontraba al inrtuso. Hasta llegar al hall. Ahí es donde ví el jarrón chino de decoración roto, literalmente destrozado, sin arreglo. Miré a mi alrededor, pero no hallé nadie ni nada extraño y ya no me quedaban mas cuartos por registrar, pero una brisa congelada me entró como una puñalada por la camisa del pijama.Me di la vualta y vi la ventana que daba al jardín abierta.
Llamé a mis padres y estos a la policía. Cuando esta llegó y vió que nada faltaba me tomó por tonta, y nadie me creía. ¿Quién iba a hacer caso a una simple niña de 13 años?
Esto que escribo es para que cuando una niña o un niño les dice alguna vez en su vida que ha entrado alguien en su casa y que no ha roto el jarrón chino simplemente por aburrimiento, créanle, ¿qué les cuesta?
Cecilia Smith.