Este verano, un día de Agosto, como otros muchos años, hemos organizado toda la familia una excursión al santuario de la Virgen de Iciar desde Deba. Vamos tres generaciones: hijos, padres y abuelos;unos andando por el monte y otros en coche, según la edad.
Hacía un tiempo muy bueno: cielo azul, y unas vistas al mar preciosas.Cuando ya íbamos por la mitad de la subida, vimos por la derecha que venían hacia nosotros un grupo de vacas y un toro. Empezamos a gritar muertos de miedo. Al mismo tiempo empezó a ladrar un perro que estaba en la puerta de un caserio.Nos hicimos señas para no hablarnos.
En silencio y con miedo continuamos el camino procurando no meter ruido. Al cabo de un rato pasó el peligro.
Oimos misa en Iciar, después tomamos un desayuno estupendo con huevos, chistorra, pimientos y patatas. Bajamos deprisa para darnos un baño en la playa. Ana Anabitarte