Por la autospista un camión,
iba de gallinas lleno
y el conductor muy moreno,
lucía un hermoso barrigón.
Al ser la hora de comer
y no encontrar restaurante,
tuvo una idea muy brillante:
parar en una esquinita,
elegir la gallinita,
cortar, pelar y freír,
y apetito no sentir.
Al querer abrir la carga,
toda gallina se larga,
¡oh que gran desilusión!.
Sofía Landa Eguidazu