Archivos para Octubre 16, 2007

¿SOMOS INDEPENDIENTES?

                                        

Todavía recuerdo con risas la tarde de hace pocos días cuando llame a mi madre al trabajo y le dije “ama voy a ir a jugar al padel en bici con mi prima, pero no te preocupes por nada; me arreglo muy bien sola”.

 Dicho y hecho. Eran las cinco de la tarde cuando llamamos a Fadura pero solo quedaba una pista  a las cinco y media y  no se podía reservar por teléfono. Pensamos que nos la iban a quitar así que decidimos ir a Gobela, lo malo era que en Gobela solo había dos pistas de padel.

Llegamos a casa de mi prima hicimos la bolsa entre las dos, luego fuimos a la mía y mientras yo preparaba mi ropa ella sacaba las bicis del trastero. Muy contentas salimos de casa sobre las cinco y cuarto. Llegamos allí a y veinticinco. Candamos las bicis y cuando íbamos a entrar, no pude porque se me había olvidado el carné, ella se quedó sacando la pista, yo volvía a casa a por él .

Cuando llegué a la puerta de mi casa me di cuenta de que no tenía llaves, las tenía mi prima en la bolsa, fui  a casa de  mi abuela y le pedí que me dejara su carné y unas bolas que se nos habían olvidado.

Volví allí y mi prima me estaba esperando para candar la bici y me dijo que la pista estaba libre pero que no la podía sacar porque yo me había llevado el dinero. Cuando la estábamos sacando, nos pidieron el carné, yo lo llevaba en la mano pero como no era mío y no lo podía enseñar, lo tiré al suelo.  Mi prima busco el suyo en la mochila tardando una eternidad. Por suerte la pista fue gratis porque éramos menores de dieciséis.

Entramos, nos cambiamos de ropa, subimos a las pistas, dejamos todo en las taquillas y por fin teníamos todo organizado, cuando nos disponíamos a entrar a las pistas me preguntas mi prima “¿y las palas?”

Volvimos a salir, a coger las bicis, a ir a casa, buscar las palas, volver otra vez, volver a guardar las llaves, y todo esto muertas de risa.

Por fin entramos a la pista, cogimos las palas sacamos las bolas y cuando nos disponíamos a jugar empezó a caer una tromba de agua impresionante.

No pudimos jugar pero nos reímos como nunca. Aprendimos mucho de nuestros errores.   

Es verídico. 

Itziar garrastatxu.

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UN DÍA EN EL BOSQUE.

Todo empezó cuando su padre decidió hacer una acampada en el pueblo en el que él nació. En el bosque el verde, ya que era primavera, reinaba allá donde mirases.

Al segundo día de estar allí, decidieron hacer una fogata. Nuestra niña, llena de emoción, se ofreció voluntaria para ir a coger unas ramas. Se alejo demasiado y hubo un momento en el que perdió el camino. Asustada gritó pero nadie la oía. Empezó a llorar ya que estaba sola y muy asustada. No hacía mucho frío, pero estaba oscureciendo.

De repente oyó unas pisadas, y una voz le preguntó que le pasaba. Ella miró a su alrededor pero no sabía de dónde venía. Otra vez volvió a preguntar y es cuando se dio cuenta de que  procedía de una ardilla que caminaba por las ramas. Sorprendida por poder entender lo que una ardilla le estaba diciendo dijo: -me he perdido y no sé donde estoy. ¿me podrías ayudar?. La ardilla contestó que si, que la había oído llorar, y por eso fue a su encuentro.

Si saberlo hasta entonces nuestra niña tenía un don. Podía entender y hablar con los animales.

La ardilla le dijo que la siguiera. Su padre, que la estaba buscando vio como su hija hablaba sola por el bosque. Le gritó y la niña contenta por ver a su padre fue hacia él. Le preguntó con quién hablaba y ella le contó que una ardilla le había ayudado ya que se había perdido. Su padre conmovido le habló de una leyenda del lugar que hablaba sobre cierta gente nacida en luna llena que poseía el don de hablar con los animales.

Patricia Aurrecoechea Aurteneche

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